miércoles, 18 de enero de 2017

Engranajes

El funcionamiento del mundo es como el de una máquina. Miles de millones de engranajes, funcionando juntos... para uno o varios entes. La máquina se ha forjado durante el número de años suficientes para que parezca que ha avanzado. Pero no avanzamos. Llevamos años en que la inteligencia del homo sapiens, que nos había permitido mejorar la vida de la gente, ha pasado simplemente a construir nuestros propios placebos. No hay más pasos hacia adelante. O es que la vida se me hace demasiado lenta. Pero si ese es el caso, y el siguiente paso va a estar mejor que nosotros, les envidio.

Porque la máquina en la que trabajamos se ha construido tan bien, tan perfecta, que tiene una tolerancia a fallos brutal. Los engranajes contribuimos a su funcionamiento cumpliendo nuestro cometido. Ese cometido hay muchos que lo viven voluntariamente, pensando que hacen lo correcto en hacer funcionar una máquina que simplemente se está aprovechando de ellos. Y si llegan a pensar, piensan que han nacido para que se aprovechen de ello. El cometido también lo podemos vivir resignados, maldiciendo que no se actuara a tiempo. Nos gustaría que la guerra hubiera acabado hace tiempo, pero nada más lejos de la realidad.

¿Pero por qué he dicho que la máquina tiene esa tolerancia a fallos? Porque está diseñada incluso para el grupo de engranajes libres, aquellos cuyo pensamiento va más allá del que puede tener un simple engranaje habituado a hacer su tarea. El diseño ha permitido que cuando un engranaje intenta luchar a contracorriente, funcionando en sentido inverso, el resto continúen operando sin que puedan percibirle. Y no es el único engranaje. Muchos a su alrededor pueden intentar girar en sentido inverso, y lo consiguen... Pero por alguna razón, eso permite a la máquina continuar funcionando. En cualquiera de los sentidos, la máquina no se inmuta y prosigue.

Los dueños de la máquina saben muy bien cómo manejarla. Conocen la debilidad de los engranajes, especialmente de los más fieles. Si deben mover un grupo de engranajes donde hay otro, se ocupan de afilarles los dientes a sus seguidores, para que estos puedan hacer daño con sus giros a los engranajes recién llegados, destrozándolos. El buen trato que puedan recibir de los engranajes nobles no logra paliar ni por asomo el efecto de destrucción de los engranajes que defienden estar donde están por derecho sin que nadie vulnere la posición de cada uno, ignorantes de que no son los recién llegados los que han pedido el traslado.

Y así funciona la máquina con todos los engranajes que osan a ser diferentes. Si alguno de los engranajes decide romper las normas previamente establecidas, también se persigue. Muchos engranajes que estaban juntos han sido eliminados de la ecuación. Y los dueños de la máquina saben cómo jugar con todos sus soldados para que esto pueda continuar.


Divide et vinces, Julio César.

Lástima que aquella frase la escucharan los jefes de la máquina y no los engranajes. La división entre los engranajes del sistema es más latente que nunca. Observo horrorizado a mi alrededor. La lucha entre engranajes. Iguales contra iguales que parecen no ponerse de acuerdo hacia dónde funcionar.

¿Qué clase de demonio pudo crear una máquina en la que la falta de coordinación entre los engranajes provoca que el sistema les funcione mejor que nunca? No creo en lo sobrenatural, pero también creo que el diablo es real. Es alguien también en apariencia engranaje, y sin embargo, ha sabido jugar muy bien la partida teniéndonos a su disposición.

Existe una caldera que representa el enfado del colectivo de  los engranajes. Esa caldera se llenó de presión durante mucho tiempo, hasta el punto en que ha empezado a desbordar. El aire a presión ha empezado a escapar por los cierres de la caldera. No es hermética... Y sin embargo, no revienta. Está llena y desbordada. Pero se sigue llenando a la misma velocidad que se va vaciando. Porque en su gran sabiduría, el jefe de los engranajes colocó una segunda caldera, para que se llenase con el enfado de sus engranajes favoritos, y evitando así el colapso al que tanto teme.

Está claro que siguiendo las reglas de la caldera la situación no va a cambiar. Las reglas están tan bien diseñadas que es imposible salirse. Hace demasiados años estamos jugando bajo las mismas normas que me hacen cuestionarme seriamente el diseño inteligente de los humanos. Puedo creer en el diseño inteligente de algunos humanos. Concretamente, de los que se han adueñado de la máquina. ¿Existen más inteligentes que ellos? Es posible. Pero ya no es un tema de inteligencia. Es de desmanipulación, y de cómo combatirla.

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