miércoles, 24 de agosto de 2016

Windows, Linux y la informática en general


Que después de mucho tiempo preguntándome qué escribir, o si debería tirar la toalla, o dedicarme a otros géneros, me ha venido la inspiración en un ramalazo de mala leche, de esos que amenazan con sacar el lado más oscuro de uno mismo y empezar a responder con groserías a todo, gradualmente, para evitar el estallido final. Pero bueno. Quizá con esto logre cierto desahogo.

Podría haber puesto esta entrada en palabras de Teseo fácilmente, por aquello de que voy a hablar de informática, pero no me pareció justo. Es un personaje que intento usar de escotilla del humor, de ridiculizar ciertas situaciones que me han pasado (o he visto, o me han contado, que de todas las experiencias se aprende).

En cualquier caso, me he dado cuenta de la transición gradual y casi sin darme cuenta del uso de Windows a Linux. Allá por cuando empecé la Formación Profesional (la cual me ha demostrado que tiene carencias que deben ser suplidas por cursos complementarios, al menos en el campo de las IT), fue cuando empecé a tener contacto con Linux propiamente dicho. Antes de eso, apenas había usado un par de veces MAX (que no Mac), una distro de Linux creada para la Comunidad de Madrid.

Aquel contacto en la FP fue... Realmente malo. Fue con Ubuntu. Y aún a día de hoy me sorprende que sea el Linux "para principiantes", que la gente que decide pasarse a Linux prueban con Ubuntu, les gusta, y tiran pa'lante. No me gustó Ubuntu. Ni me gusta. Aquella interfaz tan fea, aquella acumulación de comandos, que para lo que necesitaba hacer en una máquina Windows había que configurar el triple de cosas, que tampoco me lo supieron vender.... Un cúmulo de cosas que me hizo quedarme en la plataforma de Microsoft por mucho tiempo.

Pero al final, querer dedicarme a Sistemas fue más hacia adelante, y llegó el momento de volver a probar Linux. Ese momento fue cuando mi netbook (aquellos portátiles pequeños con hardware ultrarecortado) con Windows XP empezó a dar problemas. Windows 7 era demasiado pesado para una máquina así (comprobado). Ergo había que buscar algo más ligero, que aumentase la vida útil de aquel cacharro. Pues tocaba Linux.


Había pasado el suficiente tiempo para darle otra oportunidad, y ver si en aquel gran lapso de tiempo la cosa había ido a mejor. Y así fue. Probando la distro openSuse, versión 13.1, por recomendación de un amigo. Y aquel portátil volvió a funcionar como el primer día.

Si existe el amor a primera vista, debe haber algo similar con el tema de los entornos de escritorio. KDE se ha convertido desde aquel entonces en mi elección por defecto para los Linux (lo siento, Gnome, pero KDE es más bonito y no consume tanta RAM como queréis hacernos creer). Y ahí empecé a familiarizarme con un entorno más adaptado para el usuario corriente, y a la vez explorando un poco más allá lo que se podía hacer con ese sistema.

Ya no existían (o no he llegado a percibir) esas carencias que detectaba un par de años atrás. El sistema estaba preparado para suplir el uso de sistemas de pago. Y eso en un aparato que estaba por los tres años de uso, y aún tenía tirón para rato.

Otro tanto pasó cuando mi viejo Pentium D empezaba a colgarse usando 7. Fue el momento de pasarlo a opensuse 13.1 también. Otro portátil terminó recibiendo openSuse 13.2.

Actualmente he cambiado de ordenador. Los portátiles han quedado relegados a "me voy a poner una película en el salón mientras consulto unas cosas por internet". Android es demasiado vulnerable a ataques de virus para que sea una opción factible usar la tablet. El mundo de los ads nos ha jodido. Y en este ordenador tengo una instalación dual. Esto es que conviven en el mismo disco duro un Windows, y la versión más nueva de openSuse, la 42.1.

¿Por qué? Porque a pesar de sus errores, Windows es un sistema relativamente estable. Y digo relativamente porque tiene carencias. Igual que Linux. openSuse me cubre las necesidades básicas del día a día con total fiabilidad, pero lugo hay herramientas que necesito que están en base Windows. Y me funcionan también. Y hay veces que me pego días intentando resolver por qué tengo cierto problema en Linux, y lo saco. Y otras que Windows me trae de cabeza con actualizaciones, o haciendo lo que le sale de las narices sin que tenga constancia de ello.Pero he conseguido el equilibrio entre ambos a nivel personal.

A nivel profesional, la cosa cambia un poco, pues en los entornos laborales que he conocido se trabaja en base Windows. Y se puede. Y funciona. Y para el trabajo ofimático de la oficina seguro que les funcionaría mejor usar el formato abierto de LibreOffice, y usar el correo de Thunderbird. Porque he usado esos formatos y he visto las virguerías que pueden  hacer. Pero bueno, yo no he montado el entorno, sólo he llegado y me toca amoldarme a él.

Y la amoldación suele consistir en enviar a los usuarios a tomar café mientras intentar averiguar qué tiene de raro una hoja de cálculo, o un correo, para que a la hora de hacerle scroll se quede colgado cuando la RAM está apenas a la mitad. O en la necesidad de un diccionario usuario-informático/informático-usuario (una de las cosas que no te enseñan en clase).

Pero en cualquier caso, he visto cosas que se pueden montar en los respectivos sistemas. Y me han gustado. Y me molaría poder montar algún día un entorno híbrido del que sacar lo mejor de ambos sistemas. Porque a pesar de terminar la mitad de los días harto, hastiado, cansado, molesto, misántropo, con dolor de cabeza, y con ganas de mandar todo al carajo, me gusta mi trabajo.

Tengo una de las profesiones más chulas que existen. Tenemos cacharros variados que probar cada día. Podemos montar cualquier cosa, por sobrante que parezca, por el mero hecho de que podemos. Y podemos montárselo a algún colega. Y se nos pueden hinchar los cojones cuando la amistad de convierte en "voy a tener un informático gratis". Que disfrutamos de nuestro trabajo, pero no vamos a permitir que abusen de ello. Bueno, salvo en el entorno laboral, pero como ahí nos pagan, nos duele un poco menos.

Y podemos buscar ayuda en foros cuando algo se nos atasca, o ayudarnos entre nosotros, o cuando hemos hecho de todo, buscar algo más que no se nos haya ocurrido a ver si logramos montarlo o no.  Mientras que un médico no puede llevarse un paciente a casa para operarle y estudiarle, o un carnicero no va a filetear un cerdo en el comedor de su casa. Los asesinos en serie ya tal.

En resumen: que el balance de los pros y los contras parece equilibrado. Pero al final, el gusto por el "puedo hacer esto, aquello y lo de más allá" inclina la balanza a favor de lo positivo. Que se puede convivir entre Windows y Linux. Y qué a gusto me he quedado soltando todo esto, coñe.

lunes, 18 de julio de 2016

Pokémon GO: Primeros días y eso


Que ya tenía yo ganas de jugar a Pokémon GO. Casi un año ha pasado desde que Nintendo anunció un juego que me temía que iba a triunfar. Y tanto que sí. Demasiado. Demoníaco. En serio, hay gente que parece poseída por el juego. Pero no es para menos (al menos en lo que respecta a los que somos fans de la franquicia desde tiempos inmemoriales y no como los possers que han surgido por ir a la moda, qué manía les tengo...).

El juego plantea algo que cumple (en cierta forma) el sueño de muchos. Tener Pokémon en el mundo real. Aunque necesitamos un intermediario para poder verlos (el smartphone), la idea no podía ser más acertada. Si buscábamos un cambio en la forma de jugar a Pokémon, es esta: salir por narices a la calle con nuestro teléfono y vigilar la aparición de Pokémon salvajes, en base al tipo de zona en que estemos (lo que parea algunos puede ser una ventaja y para otros, una desventaja si estamos más limitados a la hora de movernos).

No me gusta mucho la escasa personalización del personaje (en las ediciones X e Y la personalización era bastante mayor), pero aún así, resulta un rato entretenido ir por la calle y de pronto ver en el mapa la proximidad de un Pidgeotto o un Eevee. Y poder atraparles, viendo con la cámara en el mundo real. Y por suerte, para olos que tenemos un pulso pa' robar panderetas, tenemos la opción de hacer la captura en un entorno más virtual, de forma que la pantalla no se mueve y facilita la captura. Buen punto.

Las Poképaradas son otro punto de interés en el juego. Para los que no nos sale de las narices pagar dinero real en un juego, y para incentivar además la búsqueda de Pokémon (o puede que primero sea para incentivar y luego para los que no pagamos), estas son puntos reales de (posible) interés, en el cual podremos abastecernos de Pokéballs, Pociones, Revivires, Huevos, etc. De usos ilimitados, se precisan 5 minutos entre uso y uso, pero por lo menos está bien saber que nunca nos vamos a quedar cortos de material (so pena que gastemos todo el arsenal en un Rattata y encima se nos escape). Aunque la forma de que aparezcan los objetos no me ha parecido la más intuitiva.

El tema de los Gimnasios es también curioso. En lugar de los NPC habituale, la gente puede conquistar y defender los gimnasios, también situados en puntos de la ciudad que pueden tener relevancia (estaciones de tren, parques...). Una buena forma de fomentar la competitividad (esperemos que sana), aunque no me termina de convencer el sistema de lucha.

Por cierto, como truco, siempre se puede aprovechar el transporte público para ir capturando más Pokémon. Lo probé y funcionaba bien (además, apuntando dentro del espacio cerrado del bus, se facilita también la captura)

¿Y qué decir de las anécdotas que llegan de todas partes? Gente encontrando cadáveres en lugar de Pokémon, un presentador del tiempo interrumpido por una compañera, o más recientemente la locura desatada en Central Park por atrapar un Vaporeon. Esto promete.

Por cierto, un punto que me he dado cuenta y no he sido el único, pero la época estival juega en contra de usar Pokémon Go correctamente. Cuando el teléfono se calienta demasiado, da algunos errores al lanzar la Pokéball o al intentar cargar la información (y objetos) de una Poképarada. Habrá que esperar a que pase el tiempo y ver si se arregla con la llegada del fresquete.

Faltan cosas, por supuesto, pero ya están en ello. El sistema de intercambio, muy necesario, llegará en una actualización. ¿Y qué hay de poder entrenar peleando contra los Pokémon salvajes como se ha hecho de siempre?

Cosas que me han gustado
  • Empezar sólo con la Primera Generación de Pokémon. Para los que empezamos hace años con los juegos originales, para seguir la estela. Nos lo merecemos.
  • La Geolocalización para atrapar Pokémon. Es el punto fuerte, que según dónde estemos, aparecen unos u otros. Puede parecer un contra, pero no lo considero como tal.
  • La organización para los Gimnasios en base a personas reales y no a NPC, aunque en combate se comporten como tal.
  • El sistema de Poképaradas, es otro punto fuerte del juego. Ya sea para prestar atención a cosas mundanas como a llevarnos a sitios que desconocíamos.
Cosas que no
  • La poca personalización del personaje.
  • Lo poco intuitivo que resulta usar las Poképaradas.
  • Los combates de Gimnasio son un caos.
  • ¿Cómo diantre se entrenan Pokémon? Veo mucha información al respecto pero de poco me ayuda.

En resumen, un nuevo entretenimiento para los fans de Pokémon. Aunque aún deben pulirse algunas cosas, me da que esto es sólo el comienzo. Es más social, más físico, y más innovador que los típicos juegos de GB/GBC/GBA/NDS/N3DS... pero qué diablos, voy a jugarlos igualmente. ¡Hazte con todos!

lunes, 27 de junio de 2016

26-J


No me cabe en la cabeza. No. No me lo explico. ¿Soy el único que llevo cuatro años soportando una serie de recortes a cual más grande? ¿Unas subidas de impuestos que no iban a hacer? ¿Un recorte de libertades terribles más digna de una dictadura que de una democracia? Lo cual no es de extrañar, pues parece que en este país se añora el fascismo y la represión. Algo que para alguien que tiene las ideas más propias de este siglo, le da verdadero miedo.

Estos señores han estado robando como no se ha visto nunca y se han follado a la justicia sin ponerle vaselina, moviendo a los jueces como les ha convenido, utilizando la prensa en su beneficio propio, se la han estado chupando mutuamente para obtener una serie de beneficios que han jodido el pueblo. Y aún así, ese pueblo vuelve a darles su apoyo para que nos vuelvan a gobernar. ¿Nos hemos vuelto locos?

Realmente el problema no está ahí. Del todo. Hay que tener en cuenta una cosa. La participación ha sido bajísima. La gente deja de ir a votar. Pero los que dejan de ir a votar es la izquierda. La derecha no. La derecha acudió en masa este domingo para fichar. Para cumplir esa responsabilidad que parece que tienen para que España siga anclada en una época que debería haber muerto con la persona de la cual recibe nombre (pero no es así).

La abstención nos ha jodido. El problema en la izquierda es que tenemos a los "antisistema", que se niegan a participar. Algo que me parecería cojonudo, de no ser porque haciendo eso le están dando fuerzas a aquel que les jode la vida. En lugar de hacer el cambio desde dentro, participando, como si de una bacteria se tratasen, deciden... ¡no pelearlo! ¡Cómo vamos a cambiar nada así, almacantaros!

Lo de este país es de chiste... pero no tiene ni puta gracia.

sábado, 18 de junio de 2016

Mis últimas cuatro lecturas

El problema cuando te haces un reto de lectura para un blog y dejas de publicar en ese blog mientras mantienes el ritmo de lectura es que al final tienes dos opciones: ponerte a publicar 4 entradas (que dejándolas programadas te ahorran pensar entradas nuevas por una o dos semanas, pero monopolizas el contenido) o dedicar una entrada a esos últimos libros que se has leído y te apetece presentar al público. Así que vamos a ello con esta segunda opción.

Y empezamos por uno de política. Dándome cuenta de que el año pasado no reseñé "Nadie es más que nadie", este sí hablo de "La jungla de los listos", del actual presidente de Cantabria Miguel Ángel Revilla. El político, al igual que hiciera en su anterior obra, Revilla se explaya en sus vivencias, en lo que ha visto, y en lo que opina del caos que se ha apoderado del país, señalando todo aquello que considera que se ha hecho mal.

Y me ha gustado bastante dicha lectura (exceptuando que no comparto con Revilla su opinión sobre lo que él llama "comunismo"). Le tengo bien valorado como político y es por estas cosas que cuenta que continúo así con él. Se equivocará, como todo el mundo, pero este libro es un "sin pelos en la lengua" como él sabe, para quien le guste y para quien no. Razón los que dicen que más políticos hacen falta en este país, y no nos iría mal. Por lo menos, Revilla parece no haberse aburguesado, leyendo lo que se lee en las páginas de sus libros.

Volviendo al género de la narrativa, también he leído en este tiempo "Maldito karma", del autor alemán David Safier. Aquí se nos presenta a Kim Lange, una mujer triunfadora, pero insatisfecha con su vida. Su triunfo no ha sido barato. Ha tenido que ir pisando a mucha gente para llegar donde está, llegando incluso a engañar a su marido en la noche que gana un premio. Casualidades de la vida, esa noche le cae un lavabo de una estación espacial rusa, y fallece, reencarnándose en hormiga. Buda le comunica que la única forma de reencarnarse en algo mejor es ir acumulando buen karma.

Lejos de lo surrealista que pueda sonarme el concepto del karma (o de que casualmente te caiga un lavabo espacial en la cabeza, lo típico...), es de las pocas novelas en las que he llegado a odiar a la protagonista. Bueno, más que llegar, fue una mala primera impresión que se fue acentuando con el paso de las páginas. Kim es una persona egoísta, y que le cuesta dejar de hacer las cosas pensando en ella misma y hacerlas por preocuparse por los demás (paradoja similar a la de la serie de televisión Me llamo Earl). Mejor me cae su amigo, Casanova, otra hormiga castigada con quien emprende la búsqueda de quemar el mal karma y tener una vida mejor que la de una hormiga.

Aunque todo sea dicho, me da curiosidad que [posible SPOILER] según Buda en el libro, al morir cada uno va al cielo correspondiente a sus creencias. Pensándolo en frío, molaría que fuera así, e ir a entrenar con Kaio del Norte.

Después me leí "Armada", de Ernest Cline. Creo que no me equivoco si afirmo que después de "Ready Player One" las expectativas sobre este libro eran demasiado elevadas. Fue una novela que le puso el listón tan alto que Cline no ha podido superarse. Ni igualarse. Lo que no implica que la historia no me haya gustado, a pesar de ello.

Zack Lightman es un estudiante a punto de graduarse que se pasa las horas en casa y en el trabajo jugando a "Armada", uno de los mejores juegos de lucha contra extraterrestres. Huérfano de padre (uno conspiranoico que afirmaba que todo lo que se nos había presentado sobre alienígenas, desde las "máquinas de marcianitos" hasta Star Wars o E.T.), empieza a preocuparse el día que ve una de las mismas naves contra las que se enfrenta en sus videojuegos en el cielo del mundo real.

Predecible en algunos aspectos, la novela no deja de ser entretenida. Otra historia sobre invasiones alienígenas pero que apetece leer, sobre todo por las referencias frikis que uno puede ir encontrando por el camino. Insisto, es más floja que "Ready Player One", pero incluso siendo así, me ha gustado.

Y el más reciente que llevo es "La hora de la verdad", de Jesús Cintora. Este me ha recordado mucho a otro que leí en 2015, "No estamos solos", del Gran Wyoming, por el estilo. Cintora nos presenta aquí una serie de conversaciones y charlas y puntos de vista sobre la situación del país. Revilla, Sor Lucía, Pablo Iglesias, Albert Rivera, Alberto Garzón... Son sólo algunos de los ejemplos de los que Cintora comparte algún recuerdo con ellos y lo que opinan sobre la situación del país.

Quizá esperaba un poco más con en lo que respecta a las opiniones del propio Cintora (qué menos que un capítulo respondiendo él mismo a las preguntas que hacer a los invitados de su libro), pero siempre es interesante leer este tipo de "recopilaciones" de declaraciones, y cómo incluso considerando quién está en qué bando, cómo no todas las opiniones son las mismas. Por cierto, y esto lo añado para presumir, conocí a Cintora este año en la Feria del Libro y me cayó muy bien.

Pues eso ha sido todo. Por ahora. Tengo intención de seguir leyendo por mucho tiempo, ya que la lectura es el mejor de los placeres no carnales. ¡Hasta la próxima entrada!

miércoles, 15 de junio de 2016

Ou may god (12)



Dicen que la primavera, la sangre altera. Sobre todo en la oficina. Y más cuando se acerca el verano. La gente se encuentra ociosa pero sigue en el departamento no paramos con la informática. Siempre hay cosas que hacer. Actualizar servidores, ver series, testear aplicaciones, ver películas, ordenar el rack, escuchar música... Lo habitual en la oficina.

—Informática, dígame. ¿Ha probado a apagarlo y encenderlo otra vez? —parece mentira, pero me lo paso bien imitando a Roy.
—¡Hola! —voz fémina al canto—. ¿Me puedes ayudar?
—Eso depende.
—Soy Mayte Lovendo, comercial —me dicen al otro lado de la línea—. Que tengo un problema con el programa y...
—Un momento, un momento, un momeeeeeento —le pido, antes de que se embale mucho—. ¿Has puesto ticket?

Por cosas del departamento de Calidad hay que hacer que todo problema de nuestro departamento lleve un "ticket" con el problema, la solución que se da, quién lo resuelve y cuánto tiempo se ha dedicado. Personalmente me parece más bien una venganza contra alguna broma que les haya podido gastar, pero en fin... Hay batallas que no se pueden ganar.

—¿Y eso donde es?
—Pues mira... —le explico cómo entrar por la aplicación web—. Ale, déjalo ahí y lo miro cuando tenga un rato. O alguno de mis compañeros.
—¡Vale, gracias!

Echo un vistazo a la aplicación. Nada nuevo. Dalia tiene asignada una tarea de preparar un portátil para otro de Comercial, Rafa cambiando piezas de una CPU, y Guillermo parece que está revisando el log de los servidores. Espero que no se lleve ningún susto, la última vez que falló una copia de seguridad tuvimos que llevarle a la enfermería por un ataque de ansiedad.

¡Toc, toc, toc! Qué sonido más raro. Miro el teléfono. No. Los demás parecen absortos en lo que hacen. Pues nada. ¡Toc, toc, toc! ¡Ñiiiiiiick! ¡Ostia, la puerta! Qué raro. Si normalmente nadie asoma por aquí la cabeza. Menos la de la limpieza, que tiene barra libre para entrar y salir. Me giro en la silla. Este me suena de algo. Camisa, sin corbata, no muy peinado, y pinta de humilde. Vamos bien.

—¿Informática, verdad?
—Informática es ella —digo, señalando a Dalia—. Yo, informático.

Parece cuestionarse si le estoy vacilando, pero decide ignorar la tontería y continuar con lo que necesita.

—Mira, tengo un problema con mi ordenador —me dice.
—¿Has puesto ticket?
—No puedo... Es que estoy sin Internet.
—Ah, bueno... Para eso suelen telefonear, pero ya que has venido... —me levanto—. Vamos a echar un ojo.

Se entretiene con el móvil en lo que bajamos por el ascensor. Mismamente. Total, no me viene muy mal darme por ahí un garbeo, de forma que le sigo hasta su mesa. Efectivamente, icono de Advertencia amarillo sobre el icono de red. Bueno. Desactivamos, Activamos... Coño-. "Conflicto de dirección IP".

Esto es raro. Tengo todas las IP reservadas para la gente de la empresa. Vale que últimamente vamos un poco cortos de ellas. Pero si este tío tenía una reservada, no puede haber alguien que se la robe. Tomo nota de sus datos y me vuelvo al redil para arreglarlo.

Veamos... Se ha corrompido la reserva. Qué raro. En cualquier caso, me lo cargo, y vuelvo a configurarle la dirección en un momentito. Le llamo al teléfono para que conecte el cable que le he quitado y pregunto si funciona. Que todo bien, todo correcto. Pues ale, a otra cosa. ¡Ñiiiiiiick! ¿La puerta de nuevo? Pues sí. Ahora es una mujer. De unos cuarenta, normalilla... Ni recordaba su nombre.

—¿Esto es informática?
—También llamada "La Sala de Castigos". ¿Qué pasa?
—Que no me arranca el ordenador.

Mmmmm... Me acabo de sentar de nuevo. Paso.

—Anda, Rafa, ve a echar un vistazo —le digo.

Dudo que se niegue y efectivamente así es. Se levanta y sigue a la mujer. No se si me lo parece a mi o le va mirando el culo, pero en cualquier caso, decido por curiosidad ver que no hay ninguna reserva más corrupta. Por si acaso.

Voy haciendo scroll, revisando, pero no me encuentro nada. Sería algo puntual, espero. Me pongo a mirar las antenas de WiFi... Cuanto joputa enganchado. Menos mal que la instalación de fibra es capaz de soportar a tanta gente. Vuelvo a oír la puerta, y es Rafa. Me mira con cara de "sin comentarios". Pues yo quiero comentarios.

—¿Qué le pasaba? ¿Estaba desenchufado?
—No, no era eso...
—¿Entonces?
—Nada, si he llegado y el ordenador estaba encendido.

Je. Empiezo a temerme el problema.

—¿Y entonces?
—Pues que me ha dicho "no, si enciende, pero que no se abre la aplicación de Ventas, se sale error".

Hago un exagerado movimiento de cabeza circular para expresar exasperación.

—A cualquier cosa le llaman "no arranca"... Lo flipo —comenta Rafa, antes de volver a enfrascarse con el equipo que tenia en plena autopsia.
—Sí, pasa bastante... Te dicen una cosa y lo que les pasa no tiene nada que ver —comento despreocupado, con ganas de ponerme los auriculares y disfrutar del especial de 'Sherlock'.
—Harta me tienen —dice Dalia, que no ha podido evitar unirse a la conversación—. Es como si les dijeran al médico que les duele la cabeza cuando lo que tienen es la pierna rota.

Me rio y abro mis archivos de video. Series. Sherlock. Temporada 4. Doble clic, y... ¡Bzzzzzzz! ¡Bzzzzzzzz! No puede ser. Descuelgo el teléfono.

—¿Quién y qué? —pregunto. Quizá con subtítulos mientras me cuenta su rollo.
—Oye, que soy el de antes. Que otra vez.

Joder. A ver... Le pido que aguante un momento mientras me voy cagando en todo lo cagable. Y miro en las reservas también. Otra vez se ha jodido. Mmmm. Veamos... Peña que hay en el WiFi

A lo tonto me va a dar la hora de comer. Pues ya me veré luego el ¡Bzzzzzzz! ¡Bzzzzzz! episodio me cagontó...

—¿Sí?
—¡Oye, que soy Mayte otra vez!
—Cuééééntame —le pido. Paso de tickets.
—Oye, que tengo un problema con lo de los tiques esos.
—¿Cual?
—Nada, que te iba a poner un pantallazo de esos, pero no sé.

No es tan difícil, pienso, y también pienso en la forma menos borde de decírselo. Hay gente que no sabe de informática, me recuerdo a mi mismo.

 —Pues en el teclado hay una tecla que pone Imprimir Pantalla... Bueno, Impr Pant —pronuncio de alguna forma que pueda.

Espero, espero, espero... Me miro las uñas, espero... Me muerdo una, espero...

—Oye, que no.
—¿Que no qué?
—Que no está.
—¡Cómo no va a estar! —digo.
—Que en este teclado no está. Si ya había mirado antes de llamar pero sigo sin verla.

Paciencia, me recuerdo. A ver cómo le explico yo dónde mirar en el teclado.

—Mira encima de las flechas —le indico. El sitio universal de la tecla de Imprimir Pantalla.
—Estoy mirando y sigo sin verlo.

A ver... Que esto ya es raro. No puede tener un teclado sin Imprimir Pantalla. O sí, pero... No me cuadra especialmente. Le pido que me mande una foto. Por lo menos sabe hacer fotos con el teléfono y enviarlas por correo electrónico. Tras tan interesante charla, voy a comer un momento.

A la que vuelvo, leo su correo y abro la foto. Joder... Foto del teclado entero con poca resolución. No se ve nada. Pero al menos sí me doy cuenta de algo. Es de portátil. Acabáramos. Le respondo que me mande foto de cerca de las teclas que hay por arriba y el lateral derecho del teclado.

Y en lo que voy esperando, otra llamada. El mismo de esta mañana. Joder...

—Dime.
—¡Otra vez! ¡Ha vuelto a fallar! ¡Esto es un pitorreo! ¡Exijo soluciones!

Decido tomármelo en serio. Más por orgullo personal que porque el panoli este se ponga chulo. Me meto en la WiFi y empiezo a cargarme los teléfonos de la gente. Que usen sus datos, coño. Ahora toca mirar la reserva, que volvía a estar corrupta. Y entonces...

Echo un vistazo al Sistema de Nombres, y ahí me encuentro el problema. Lo tiene antiquísimo. Esto no renueva ni queriendo. Decido quitar el registro, y tras comprobar que nadie me ha quitado la IP de esa persona, la vuelvo a reservar para él. Le telefoneo para que mire si ya funciona, y que se lo coma con patatas.

De vuelta al correo, empiezo a ver las fotos hasta que la distingo. Pues sí, está chiquitillo. Le doy un toque.

—¿Hola?
—Sí, mira, soy Teseo. Que ya te he encontrado la tecla.
—¡Ah, ¿y cuál es?!
—Mira, ¿ves la tecla de Borrar?
—Sí.
—Encima hay una de Ins.
—Ajááá...
—Pues justo debajo de Ins en la misma tecla pone en pequeño Impr pant.
—A ver... ¡Joooooodeeeeeeeer! ¡No lo podían poner más pequeño, no!
—Vale, pues mira. Para que haga la captura, abajo a la izquierda hay otra tecla que pone fn. Tienes que pulsar esa primero, y mientras está pulsada, la que te acabo de decir.
—Vale, muchas gracias.
—De nada.

Cuelgo. Pues dentro de lo malo, hoy un parece que haya sido un día con muchas tonterías. Me queda una horita para irme a casa y ¡Bzzzzzzzz! ¡Bzzzzzzz! he colgado hace cinco minutos no me puede estar llamando de nuevo...

—¡Mayte, que me borras la línea!
—¡Ay, que tengo un problema!
—¿Qué pasa ahora?
—Pues que con esto de la foto... se me ha olvidado qué era lo que iba a enviar de incidencia.

Esto ya es más normal. ¡Y a mi que me cuenta, señora!

lunes, 4 de abril de 2016

"Groucho y yo" y "Camas"

Recientemente he leído un par de libros de Marx. Ojo, me refiero a Groucho Marx, no a Karl (aunque conseguí colarle la broma a uno por WhatsApp, era una oportunidad muy buena).

Y concretamente el primero fue Groucho y yo, una autobiografía del comediante. Una lectura divertida se mire por donde se mire.

Si bien es cierto que los orígenes de este hombre fueron más bien humildes, su forma de expresarse con respecto a aquella época, pasando por sus primeros pinos en el teatro, hasta la caída de la bolsa, o el éxito de su trabajo en Broadway, provocan más de una carcajada.

De ahí que nos encontremos pasajes divertidos, como con uno de sus primeros amores de infancia. Un problema con el dinero hizo que enviara a su cita a casa a pie en medio de una tormenta volviendo él en tranvía, haciendo notar lo curioso que después de ese día no le volviera a dirigir la palabra.

Podría enumerar unos cuantos pasajes más, pero es imposible resumirlo en condiciones provocando el mismo efecto de las palabras del actor. Es leerlo y reírlo. Los chistes explicados pierden la gracia, y no me parece justo quitar a nadie el placer de leer una de las autobiografías más curiosas que me he encontrado.

Y en el mismo orden de cosas, en cuestión de una hora escasa, leí Camas, un libro muy breve, también de Marx. Breve quiere decir 96 paginas en letra muy grande y ademas con fotos.

Fue su primera obra literaria, si puede recibir ese nombre. No porque esté mal, simplemente me ha parecido un monólogo sobre camas, realmente. Igual que al leer un libro de Luis Piedrahita, o algún recopilatorio de El club de la comedia, pero sólamente sobre camas, haciendo gala de su propio estilo.

Fueron unas lecturas entretenidas que me acompañaron en el mes de marzo, y ahora toca continuar.

...

Pero antes, unas citas célebres de este caballero.

«Debo confesar que nací a una edad muy temprana», del libro Groucho y yo.

«He pasado la mejor noche de mi vida, pero no ha sido ésta.»

«¿Que por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti más que tú.»

«Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche sin peligro de pisar al gato», del libro Camas.

«Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho», felicitacion a un amigo, también aparece en Camas.

jueves, 17 de marzo de 2016

Espía de Dios

La penúltima lectura que he hecho (entiéndase que lo leí en febrero, pero ¿me habéis visto activo por el blog? Yo tampoco me he visto. Pues eso) es Espía de Dios, del autor español Juan Gómez-Jurado. Normalmente no me dejo llevar por nada relacionado con temas religiosos... pero no puedo resistirme a la novela... no se si definirla como novela negra o policíaca, pero en ambos casos, me daba la impresión de que me iba a gustar.

Y no podía ser para menos. Basada en el año 2005 tras la muerte de Karol Wojtyła, en la ciudad del Vaticano se va a reunir el cónclave para elegir al nuevo Papa... hasta que dos de los favoritos son asesinados de forma bastante macabra.

De esta manera, conocemos a la ispettora Paola Dicanti, psiquiatra criminóloga, quien debe llevar la investigación del caso. Algo muy dificultoso para ella, pues debe enfrentarse a las leyes internas del Vaticano, un mundo aparte de lo que se encuentra habitualmente en su Roma natal.

Por supuesto, una novela de este tipo no se puede concebir (al menos desde la aparición en el mundo de Sherlock Holmes) por una sola detective. Paola cuenta en su equipo con Maurizio Pontiero, subinspector a sus órdenes, y Carlo Boi, su jefe, con quien tuvo una noche de locura y posterior arrepentimiento. Sin embargo, más relevante que ellos resulta ser el padre Anthony Fowler (quien por algún motivo me le imagino como John Noble), quien conoce al causante de los crímenes cometidos y se convierte rápidamente en la ayuda que Paola necesita para poder meterse en la mente del asesino, explicándoles las circunstancias en que le conoció y qué le hizo ser como es.

Y es que el criminal (cuyo nombre voy a revelar, pues al fin y al cabo aparece tan al principio de la novela que no puedo considerarlo spoiler) Viktor Karoski es la pieza central de toda la novela. Todos los datos de su obscena vida (escándalos tapados por la Iglesia con mejor o peor resultado) se van entremezclando con transcripciones de sesiones de regresión que se le hicieron veinte años antes.

De esta forma, tenemos la persecución de un asesino lo bastante inteligente para burlar la Vigilanza del Vaticano entremezclada con datos de su pasado, así como la vida de una inspectora muy humana (rompiendo un poco el estereotipo de que los detectives son ensayos de misántropo).

Es un poco gore. La forma de matar de Karoski queda vista muy pronto, y su método no deja precisamente indiferente, así como los datos de su pasado. No es una novela para cualquiera, pues hay ciertos temas que pueden herir la sensibilidad de alguno. Gómez-Jurado no se ha valido de eufemismos para la redacción, pero una vez leída la novela y en retrospectiva, hacerlo hubiera hecho disminuir la calidad del relato.

Muy pronto va a caer la próxima review de libros. Esta vez, va a ser un análisis doble. Voy con dos libros de Groucho Marx: su biografía "Groucho y yo", que ya he leído; y su pequeño relato de "Camas", que creo que en un sólo día me lo voy a leer.